sábado, 28 de abril de 2012

Sindios...


Desde que los ministros de Rajoy, en especial Montoro y Ana Mato, decidieron explicar didácticamente los porqués de la demolición del Estado, entendemos las cosas mucho mejor. He aquí un resumen, claro como el agua, de sus argumentos:
Se pone precio a la sanidad para que continúe siendo gratuita y se expulsa de ella a determinados colectivos para que siga siendo universal. Se liquidan las leyes laborales para salvaguardar los derechos de los trabajadores y se penaliza al jubilado y al enfermo para proteger a los colectivos más vulnerables. En cuanto a la educación, ponemos las tasas universitarias por las nubes para defender la igualdad de oportunidades y estimulamos su privatización para que continúe siendo pública. No es todo, ya que al objeto de mantener el orden público amnistiamos a los delincuentes grandes, ofrecemos salidas fiscales a los defraudadores ambiciosos y metemos cuatro años en la cárcel al que rompa una farola.
Todo este programa reformador de gran calado no puede ponerse en marcha sin mentir, de modo que mentimos, sí, pero al modo de los novelistas: para que la verdad resplandezca.
Dentro de esta lógica implacable, huimos de los periodistas para dar la cara y convocamos ruedas de prensa sin turno de preguntas para responder a todo. Nadie que tenga un poco de buena voluntad pondrá en duda por tanto que hemos autorizado la subida del gas y de la luz a fin de que resulten más baratos y que obedecemos sin rechistar a Merkel para no perder soberanía. A no tardar mucho, quizá dispongamos que los aviones salgan con más retraso para que lleguen puntuales. Convencidos de que el derecho a la información es sagrado en toda democracia que se precie, vamos a tomar RTVE al asalto para mantener la pluralidad informativa. 
A nadie extrañe que para garantizar la libertad, tengamos que suprimir las libertades...

sábado, 17 de marzo de 2012

Ellas...


Ellas, bálsamo para heridas como besos en un naufragio

La vida tiritando en su estrella

Luciérnagas que tiemblan en tu pecho


Andamio que restaura los recuerdos

El sueño en el que sueñan los cautivos


El hecho de vivirlas deja secuelas, ellas...

Como un licor suave te envuelven

En sus sábanas te desnudan


Siempre es tarde cuando ya se han ido

Nunca es pronto cuando llegan


Vencer del renacido en desastre

Buscamos su luz entre escombros


Todo irá bien aunque duela

Toman tus manos y vuelan, ellas...


Ellas, dejaron su huella en mi

Amor y abandono, sensaciones que viví


Despertando así encantos

Abriendo pasiones y heridas


Ellas, amantes de un instante o de una vida

Ellas, estrellas y espinas

Bellas damas que te aman o te asesinan


Brillando como diamantes

Ellas, amantes de una vida o de un instante

Como viejas amantes, regresan del olvido

He dormido ya en sus brazos, pero todo es siempre nuevo

El hecho de vivirlas deja secuelas

Ellas...

martes, 6 de marzo de 2012

Anónimo

Quizás haya transcurrido demasiado tiempo, quizás el fin de éste espacio ya no sea el mismo, quizás la dejadez por escribir tenga que ver con mi ansia por vivir, quizás el fin de lo aquí escrito sea temprano, quizás el fin de lo aquí escrito ya haya llegado...

Quizás todo sean excusas, quizás me están envolviendo las dudas... quizás....

¿Y qué importa ya?

He visto pasar los meses con la seguridad de ver cómo ponía patas arriba mi vida, con el aplomo que me otorga el escribir lo vivido, con la realidad de saber que el fin sólo llegará cuando yo lo desee y...

Con la certeza de ver que el fin justifica éste medio...

P.D: que no te enamoren las palabras, enamórate de los actos, despues de todo es por lo que se nos reconoce.

domingo, 2 de octubre de 2011

Tu carta

Dejé caer mi corazón, dejé que se rompiera en mil y un pedazos, sus restos yacían en el suelo, todo en mí estaba muy oscuro, todo en mí estaba acabado.

Mis manos nunca fueron fuertes y nunca pretendí ser un gigante, pues sabía que mis pies siempre fueron de barro.

El fuego me consumía y yo tan sólo lloraba, sepultando mis ojos en tumbas tan vivas como el cauce de un rio de lágrimas secas. Mi esperanza de vida no llegaba al año, mi esperanza me olvidaba al sobrepasarlo.

A mi alrededor nada funcionaba mucho mejor, se traficaba con mujeres, con hombres, con niños, con vidas, con drogas, con armas, con ideologías, con poder, con sueños... Con llenar mi cuerpo de miedo.

Cada mañana me miraba en el espejo, veía que no me gustaba y en vez de devorar mi propia mierda fresca... le jodía a él, la jodía a ella, te jodía a ti...

¿Por qué? Porque la culpa es siempre de los demás y, ya que estaba, vivía su vida porque no tenía cojones ni sangre para vivir la mía.

Ha pasado ya algún tiempo, ¿y qué ha cambiado?

Se sigue sin ver fortaleza en mis manos, sigo sin ser un gigante y mis pies yacen en el fondo de cualquier charco.

Se sigue traficando con el mundo y de miedo nos siguen ametrallando.


Y sigo sin ver con gusto el espejo... pero....

Un día me enseñaron dónde estaba el cepillo para recojer los pedazos de mi corazón y me contaron cómo volver a hacerlos uno solo.

Pude ver que volvía a salir sangre de mis heridas y así curarlas con el perdón de la que ha sido mi única verdad, que la culpa siempre fue mia.

Ya no le jodo a él, ni a ella, ni a ti, ya no me consumo en un sinsentido ni maltrato mi aliento devorando lo que no debo.

Disfruto de la esperanza de vivir, de sobrepasar lo que no tiene límite, disfruto sin importar que mi vida dure una eternidad o un año.

Y todo porque ahora... le quiero a él, la quiero a ella, te quiero a tí.

P.D: no me importa la amistad, que nos conozcamos o no, que hallamos compartido charlas de barra de bar o apenas el instante del cruce entre desconocidos, si lees éstas líneas sólo quiero que recuerdes una cosa... te quiero.







miércoles, 14 de septiembre de 2011

Tú...

 
Cuando siento que estoy solo sólo tú me acojes,
eres mi más fiel compañía,
siempre me hablas sincera,
y siento que me esperas cuando empieza el día.
 
Si me veo perdido te escucho y miro,
elimino la tristeza en un suspiro,
eres mi guía, un nuevo faro de Alejandría,
la más grande y pequeña maravilla. 
 
Das sentido a la existencia, si, tú,
tu sola presencia merece mi más sentida reverencia,
tú me diste un don, fuiste mi escudo y espada,
siempre liberándome si la inspiración faltaba.
 
Desde la nada me abrazas, no prohibes ni amenazas,
tan romántica y auténtica, tú nunca te disfrazas,
me das retos, aventuras, me exiges crear,
me haces temblar, soñar, porque sólo tú me curas,
me eliges para hablar cuando las calles ya están mudas.
 
Me desnudas con ternura y siento tu tacto y tu olor,
si te veo volar libre como la voz de un cantautor,
eres lo mejor que yo tengo y te amo,
cuando llegas, cuando te siento,
como entre notas de un piano.
 
Y me desintegras pintando estas noches negras,
me alegras, me invades, me evades, alejas las tinieblas,
y me resucitas siempre, nunca me mientes,
eres el recipiente donde alegres lágrimas se vierten.
 
Eres Tango y eres ritmo, un impredecible compás,
cuando compartimos el rock, cuando te vistes de Jazz,
no importa lo que suene siempre tiene tu carisma,
te envuelves de clásica y sigues siendo la misma.
 
Eres tú, mi suerte,
eres tú, lo que me hace fuerte,
eres tú, tú, tan diferente,
surges y de repente la vida olvida a la muerte.
 
Tu llama jamás se apaga,
de esperanza, de aliento y vida, mi gran amiga,
una  luz de eterna juventud,
solo tú haces eficaces todas las frases que diga.




lunes, 4 de julio de 2011

Vuelve la esperanza...


Llevo ya demasiados días dándole vueltas a mi cabeza, haciéndome preguntas sin obtener respuestas y, para qué negarlo, deseando que hubiese un fin a todo esto.

No han sido días para hacer uso de la razón, pues siempre he carecido de ella, pero su carencia, su verdadero desconocimiento no me impide seguir echándola de menos.

Me pregunto quién soy, qué soy, y sólo la duda ya me pone la carne de gallina. La duda entre dos seres que siento en mí, sin saber quién es mi yo real y quién es una vulgar máscara.

A una de esas partes ya la tenía por olvidada, por suprimida, y a la otra... no quiero olvidarla.

La que he visto renacer es la que antaño me convirtió de víctima en verdugo, la que me servía en bandeja toda mi rabia acumulada para descargarla contra mis enemigos, la que vive por y para el odio, la que hace hervir mi sangre para volver a convertir mis puños en dos bombas cuyo único objetivo sea quebrantar los huesos y almas de mis rivales. Y de todo aquel que cometa la osadía de acercarse a mi...

La que no quiero condenar al ostracismo es la que me ha hecho soñar, querer, amar, vivir al fin y al cabo, la que me devolvió la ilusión cuando ya la daba por perdida, la que me enseñó que no importa lo fuerte que te golpeen en esta tan puta como hermosa vida, que lo que importa son las veces que te puedes seguir levantando.

Hasta hace pocos días no sabía quién ganaría esta repetida pugna, incluso no sabía si quería que ganara alguna de las dos, y sólo ya esas dudas me estaban convirtiendo en un muerto en vida.

Pero algo ha cambiado, por primera vez en mucho tiempo la bestia que me robaba el aire ha visto que se le ha escapado un pequeño aliento, un último y definitivo cartucho que ha incluído desde una buena compañía hasta un abrazo pasando por una carta.

Ahora ya no tengo dudas, ni vendrán ni se las espera, no volveré a ensuciar este pequeño espacio con palabras de miedo, venganza y rencor pues ya han sido pasto de una cerilla. He tomado parte en ésta lucha y lo hago para que sea la última, no quiero ser la diana sobre la que mi propio odio me ametralle, por fin me he dado cuenta.

Dicen los boxeadores que a todo gran campeón siempre le queda un último combate y aunque yo siempre haya sido un perdedor, ya tengo ese combate ante mis ojos y cuando termine el último asalto, cuando estalle el último de los golpes, os doy mi palabra de que seguiré en pie, ésa será mi mayor victoria...

miércoles, 15 de junio de 2011

Derrotado

Me confundí de bando en la batalla del vivir, 
perdiendome en guerras sin héroes ni medallas,
pero en las que igualmente toca sufrir.

Ejecutado como un pobre inocente sin razón,
condenado a cadena perpetua sin corazón.

Por fin aprendí que no dejaré de caer,
aunque el suelo me muestre su frialdad,
me he abandonado
y no volveré a respirar.

Muchas veces siento miedo
me basta con mirarme en el espejo,
esperando la cordura,
esa que no tuve ni retengo.

Ahora el tiempo se hace eterno,
se ha parado por momentos
y la duda no me ayuda,
no se si lo aguantaré.

Quiero saltar al vacío para olvidar,
estrellarme contra las rocas en el fondo del mar,
quiero alzarme y volar
soñar que quizá es mejor así...